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La creación de experiencias positivas en la educación continua

El aprendizaje social y emocional (ASE) que originalmente fue concebido como una respuesta a las necesidades de la educación inicial, básica y media ha evolucionado hasta aterrizar en la educación continua.

En esencia, el ASE es el proceso mediante el cual un educando adquiere y aplica sus conocimientos y actitudes requeridas para ayudarse a:

• Conocerse a sí mismo,

• Conectarse con otros,

• Alcanzar sus objetivos, y

• Apoyar a su comunidad.

Por otro lado, el objetivo de las competencias a desarrollarse en el ASE es el crear intencionalmente experiencias positivas.  Estas experiencias transforman a los estudiantes en aprendices a lo largo de la vida, dotándolos de las herramientas necesarias para navegar un mundo en constante cambio.

Las cinco competencias claves son:

• La conciencia de sí mismo,

• La autorregulación,

• La conciencia social,

• Las habilidades interpersonales, y

• La toma de decisiones responsables.

Partiendo de este objetivo es que comparto las siguientes prácticas como una guía para los educadores al momento de construir actividades del aula que puedan convertirse en experiencias positivas.

1. La calidez y el apoyo del educador con su grupo de estudiantes es el primer paso para instaurar entornos de aprendizaje auténticos.

2. El poder del lenguaje positivo se transforma en la herramienta codificadora para facilitar la interacción y moldear el ambiente en el aula de clase.

3. La resolución de problemas centrada en el educando tanto al momento de la planificación como en las disyuntivas que surgen en el desarrollo de la clase fomentan su autonomía y pensamiento crítico.

4. La responsabilidad y elecciones compartidas entre las partes interesadas empodera al educando y fortalece su comportamiento con el aprendizaje.

Los educadores tienen la oportunidad de transformar el aula en un taller de intercambio de conocimiento, mientras estas prácticas se vean reflejadas en el diseño de las lecciones de clases e incorporen las siguientes estrategias:

El aprendizaje cooperativo, con el que los estudiantes desarrollan habilidades fundamentales para la comunicación efectiva, la empatía y la resolución de problemas.
Las discusiones en grupo que fomentan el pensamiento crítico, la escucha activa y la capacidad de articular los puntos de vista.
La reflexión en la autoevaluación para que no solo examine el proceso del estudiante, sino que lo comprometa a crear acciones de mejora.
La instrucción equilibrada que garantice que el contenido académico se contraste en las vivencias educativas.
La construcción de competencias en el ASE asegura que las experiencias sean sostenibles y significativas.

En conclusión, el aprendizaje social y emocional no solo enriquece la experiencia educativa, sino que también promueve que la formación sea continua a lo largo de la vida.

Autor: José Andrés Paredes Becerra

Coordinador de Idiomas

Centro para la Transferencia de Conocimiento

e Innovación Social – CETCIS

Pontificia Universidad Católica del Ecuador

 

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Comentarios
  • Kari M
    Responder

    Un tema muy importante hoy en día, gracias

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